Una conversación amorosa con el alma
Hay silencios que pesan, y otros que sanan.
Y entre todos los silencios, el que rodea a la muerte es uno de los más profundos.
Tan profundo que muchas veces elegimos no mirarlo.
No nombrarlo.
No sentirlo.
Pero la muerte no se ofende por eso.
Ella espera… paciente, serena, amorosa.
Porque sabe que un día vamos a recordarla no como una enemiga, sino como una puerta.
Un umbral.
Un regreso.

Morir no es desaparecer. Es transformarse.
Desde pequeños nos enseñaron que morir es perder.
Pero el alma sabe algo distinto: que morir es volver.
Volver a la Luz.
Volver a casa.
Volver al abrazo amoroso de la Divinidad que nunca nos soltó.
El cuerpo queda.
El alma continúa.
Porque la vida no termina. Solo cambia de forma.
El origen nunca se perdió. Solo lo olvidamos.
Venimos de un lugar sin miedo.
De un espacio donde el juicio no existe.
Donde no se necesita el tiempo, ni las palabras.
Un lugar donde simplemente somos.
A ese lugar regresamos cuando partimos.
No nos vamos.
Nos quitamos un traje.
Y en ese desprendimiento, el alma se aligera, se expande, recuerda.
Recuerda quién es.
Recuerda de dónde viene.
Recuerda que la separación nunca fue real.
La muerte como maestra
La muerte no solo está al final.
Nos acompaña todo el camino.
Nos susurra en cada cambio.
En cada ciclo que se cierra.
En cada “no más” que la vida nos invita a decir.
Y si aprendemos a honrarla,
aprendemos a soltar con más amor,
a vivir con más liviandad,
y a elegir con más conciencia.
Porque cuando entendemos que no somos eternos aquí,
nos volvemos más presentes aquí.
Más humanos.
Más humildes.
Más despiertos.
Y los que se van… ¿realmente se van?
No.
Se transforman en presencia.
En susurro.
En memoria viva.
A veces regresan en sueños.
A veces en una canción.
A veces en una brisa.
O en ese momento exacto donde sentís que alguien te abraza sin tocarte.
Los que amamos no desaparecen.
Se vuelven parte de nuestro campo, de nuestra frecuencia,
de nuestro corazón.
Y si te aquietas lo suficiente, los puedes sentir.
Porque el amor no tiene fecha de vencimiento.
Como sabes, la tanatología es el estudio de la muerte y el duelo, enfocada en ofrecer apoyo emocional y psicológico a personas que atraviesan procesos de pérdida. Muchos alumnos mios son tanatólogos y utlizan el Ho’oponopono con muy buen resultado.

¿Estás listo a afrontar tu miedo a la muerte, y/o superar tu duelo personal?
Te invito a mi clase mensual para sanar desde adentro
Para que vivas sin ansiedad.
Esta clase no es sobre la muerte.
Es sobre la Vida.
La que no muere.
La que atraviesa los tiempos.
La que trasciende las formas.
Es una clase para recordarte que no estás sola.
Que no perdiste a nadie.
Que tu alma sigue conectada a todas las almas con las que alguna vez compartiste un pedazo de cielo.
Y que cuando llegue tu hora, no será un final.
Será un volver.
Un regreso al origen.
Un abrir los ojos en otra dimensión…
más liviana, más luminosa, más amorosa.
Donde todo lo que dolió, se transforma en comprensión.
Y todo lo que temiste, se transforma en paz.
Te cuento por qué decidí hablar de esto este mes:
Cuando me di cuenta que no era un cuerpo, ni tampoco mi nombre, ni mis títulos, me saqué un peso muy grande de encima.
Cuando me di cuenta que la muerte no es lo que pensamos y que estamos aquí solo de paso, y que vinimos a para aprender y crecer, aprendí a vivir más en el presente y a ver todo como oportunidades, por ende a disfrutar más y no preocuparme tanto.
Algunas de las razones por las cuales elegí compartir sobre esto este mes:
- Yo sé que hay mucho miedo a la muerte en este momento
- Mi Madre me enseñó muchísimo cuando ella transicionó
- En el taller de Ho’oponopono que di en Córdoba, un niño de unos 11 años me dijo “Hoy perdí el miedo a la muerte”.
- Si él lo hizo, tú también puedes.
¿Y si empezaras a vivir como si supieras que nada se pierde?
Tal vez abrazarías más fuerte.
Perdonarías más rápido.
Reirías más alto.
Amarías sin tanto miedo.
Y vivirías con la certeza de que todo es parte del mismo viaje.
Porque “la muerte no es el final… es el regreso al origen.”
Y ese origen vive dentro de ti, hoy.
Con amor,
Mabel Katz
