Ho’oponopono para soltar la exigencia: los 3 precios que pagas por hacerlo todo bien

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A continuación, te comparto la tabla de contenidos de este post.

Contenidos en este artículo

¿Cuándo fue la última vez que terminaste algo importante y te permitiste disfrutarlo?
No un minuto, mientras ya pensabas en lo que seguía. Disfrutarlo de verdad.
Si tuviste que hacer memoria, este artículo es para ti. 

Quiero hablarte de algo que conozco muy de cerca: la exigencia. Esa voz que te pide más, que revisa todo lo que haces y siempre encuentra algo que faltó. Y quiero mostrarte cómo Ho’oponopono, este arte hawaiano tan simple, me ayudó a soltarla después de años de cargarla sin darme cuenta.

Nadie me exigía tanto como yo misma

Durante muchos años fui contadora. Números, plazos, balances. Todo tenía que estar perfecto, y yo me sentía cómoda ahí, porque hacerlo todo bien era mi manera de sentirme segura.

El problema era que nunca podía parar. Si algo salía bien, ya estaba pensando en lo que seguía. Si algo salía mal, me lo repetía en la cabeza una y mil veces. Cumplía con todos. Conmigo no cumplía nunca.

Y lo más curioso es que nadie me lo pedía. Mi familia no me lo pedía. Mis clientes no me lo pedían. La que no se soltaba era yo. ¿Te suena familiar?

Lo que aprendí con los años, y con mucha limpieza, es que la exigencia no es nuestra forma de ser. Es una memoria. Un programa que aprendimos, muchas veces desde pequeños, cuando descubrimos que portándonos bien y cumpliendo nos ganábamos el cariño de los demás. Crecimos, y la lista solo se hizo más larga.

La buena noticia es esta: lo que es una memoria, se puede soltar.

mabel Katz Class

El primer precio: tu paz

La exigencia cobra en silencio, y lo primero que se lleva es la paz.

Piénsalo un momento. ¿De qué te sirve lograr todo lo que logras si no puedes disfrutarlo? Llegas a la meta y la mente ya está corriendo hacia la siguiente. Descansas y aparece la culpa, como si parar fuera perder el tiempo. Hasta en las vacaciones estás resolviendo pendientes en la cabeza.

Eso no es responsabilidad. Es una memoria repitiéndose. Y mientras nadie la mira, sigue cobrando todos los días.

primer paso tu paz

El segundo precio: tus relaciones

Este es el precio que menos vemos, y el que más duele cuando lo vemos.

La exigencia nunca se queda solo con nosotros. Lo que nos exigimos por dentro, tarde o temprano se lo exigimos a los demás: a nuestros hijos, a nuestra pareja, a la gente con la que trabajamos. Corregimos, juzgamos, esperamos que hagan las cosas «como corresponde». Y las personas que amamos sienten que nunca alcanzan, aunque nunca se lo digamos con palabras.

En Ho’oponopono aprendí algo que me cambió la manera de ver todo esto: las personas que tengo delante son espejos. Me muestran lo que yo llevo adentro. Si la exigencia aparece en cómo miro a mi hijo o a mi equipo, no es algo que tengo que corregir en ellos. Es una memoria mía, y me toca a mí limpiarla. Cuando tú cambias, todo cambia.

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El tercer precio: tu inspiración

Este es el más contraintuitivo de los tres, y te lo digo por experiencia propia: exigirte más no te lleva más lejos. Te hace todo más pesado, porque lo que pierdes en el camino es la inspiración.

Cuando el intelecto está ocupado controlando cada detalle, empujando, corrigiendo, no queda espacio para que llegue nada nuevo. Las mejores ideas de mi vida no llegaron cuando me esforzaba más. Llegaron cuando solté. La inspiración necesita espacio, y la exigencia lo ocupa todo.

Por eso a mi primer libro lo llamé El Camino Más Fácil. Porque descubrí, después de años de hacerlo todo a fuerza de empuje, que la vida no tenía que ser tan difícil. Que había otra manera: soltar y confiar.

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Cómo se suelta la exigencia con Ho'oponopono

Aquí viene lo que más me gusta compartir, porque es muy simple. No necesitas analizar de dónde viene tu exigencia. No necesitas revivir tu infancia ni entender cada memoria. Eso es querer resolverlo desde el intelecto, y el intelecto es justamente el que está agotado de tanto controlar.

Ho’oponopono te propone otra cosa: limpiar. Dar permiso para que se borre lo que tú no sabes borrar.

La próxima vez que notes esa voz que dice «falta algo«, «podrías haber hecho más«, no pelees con ella. Reconócela: es una memoria, no eres tú. Y en silencio, di gracias. O te amo. Yo tengo una herramienta que nació de mi propia historia y que uso hasta hoy: me digo «no me voy a preocupar». Suelto y confío.

No hace falta sentirlo. No hace falta hacerlo perfecto, y esto es importante, porque conozco gente que hasta limpia con exigencia. Se dice gracias, se suelta, y se sigue viviendo. La limpieza hace su trabajo aunque tu mente no lo entienda.

¿Te gustaría trabajar este tema en profundidad?

Cada mes abro un espacio en vivo donde trabajamos juntos un tema específico de Ho’oponopono con ejercicios, limpieza y práctica real.

Si este artículo te llegó, es probable que la clase mensual sea exactamente lo que necesitas ahora.

En cada encuentro exploramos la raíz del tema, hacemos momentos de limpieza, ejercicios prácticos, y un espacio de preguntas y respuestas donde puedes compartir tu situación y recibir orientación directa.

No es una clase para tener todas las respuestas. Es un espacio para volver a conectarte con la parte tuya que sabe mejor.

Y mientras tanto, te dejo una pregunta para llevarte: ¿qué harías diferente hoy si no tuvieras que demostrarle nada a nadie, ni siquiera a ti?

Gracias, gracias, gracias.

Con amor,

Mabel Katz

Difunde la paz y el amor

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