Ho’oponopono y el legado: lo que estás dejando en los demás sin darte cuenta

Mabel Katz reflexiona sobre Ho'oponopono y el legado que transmitimos

A continuación, te comparto la tabla de contenidos de este post.

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Cuando hablamos de legado, casi siempre pensamos en el final. En lo que vamos a dejar, en cómo nos van a recordar. Es una conversación que solemos postergar, porque parece de otra etapa de la vida.

Tal vez sea otra cosa. Tal vez tu legado se esté escribiendo hoy, en cosas mucho más pequeñas y mucho más cotidianas. Quiero contarte cómo Ho’oponopono, este arte hawaiano tan simple, me ayudó a verlo, y sobre todo a vivirlo.

Nadie recibe solo lo que le enseñamos con palabras

Las personas que tenemos cerca no reciben solamente lo que les decimos. Reciben nuestra manera de reaccionar cuando algo sale mal. Nuestros miedos y preocupaciones del dinero. Nuestra necesidad de tener todo bajo control. Y también reciben nuestra confianza, nuestra calma y nuestra forma de enfrentar lo que llega.

Un hijo aprende mucho más de cómo nos vio manejar una discusión que de cualquier consejo que le hayamos dado. Un equipo de trabajo aprende del tono con que uno responde a un problema, no del discurso sobre el buen clima. Eso se transmite en forma automática y sin que nos demos cuenta.

A eso le llamo legado. No solo lo que dejamos al final y cómo nos van a recordar,sino también lo que vamos transmitiendo cada día a la gente que nos rodea.

Memorias familiares y patrones heredados desde la mirada de Ho'oponopono

Buena parte de lo que cargas no empezó contigo

Muchos de los programas que repetimos no los elegimos. Los heredamos. Vienen de nuestros padres, de nuestros abuelos, a veces de personas que ni siquiera conocimos. Miedos al futuro, formas de amar, maneras de reaccionar cuando algo duele, hasta votos de carencia que alguien hizo mucho antes que nosotros.

Yo lo viví en mi propia casa. Crecí rodeada de mucho amor, y también de emociones y formas de reaccionar que iban pasando de unos a otros sin que nadie se diera cuenta. Fui una niña muy tímida, con muy poca autoestima, convencida de que tenía que hacer las cosas perfectas para sentirme querida. Durante años pensé que eso era simplemente mi personalidad.

No lo era. Era parte de la programación que había recibido, y que sin querer podía seguir pasando.

Digo esto sin ninguna intención de buscar culpables. En Ho’oponopono no hay culpables. Son memorias que se repiten porque nunca nadie las borró. Entender esto cambia todo, porque saca el peso de culpar y quejarse y lo pone donde sí se puede hacer algo: en uno mismo, hoy.

Las personas que tienes delante son espejos

Aquí hay algo que me costó entender y que hoy es la base de cómo vivo.

Cuando algo me molesta de alguien, la tentación es corregir a esa persona. Explicarle, insistirle, cambiarla. Pero en Ho’oponopono aprendí que las personas que tengo delante son espejos: me muestran las memorias que están en mi mente subconsciente. Si veo impaciencia en mi hijo, no es a él a quien tengo que corregir. Es una memoria mía, y me toca a mí limpiarla.

Cuando tú cambias, todo cambia. Y esto no es una frase bonita, es algo muy práctico: no tienes que convencer a nadie ni pedirle a nadie que cambie para que tu casa se sienta distinta.

Cómo se limpia con Ho'oponopono lo que no quieres seguir transmitiendo

Esta es la parte que más me gusta compartir, porque es mucho más simple de lo que la mente espera.

No necesitas reconstruir la historia de tu familia. No necesitas saber qué pasó, ni quién lo hizo, ni por qué. No necesitas entender ni analizar nada. Eso es querer resolverlo desde el intelecto, y el intelecto es justamente el que no puede, porque no sabe, no tiene toda la información.

Ho’oponopono propone otra cosa: limpiar. Soltar y dar permiso para que se borre lo que estamos listos para borrar.

La próxima vez que te escuches reaccionar de una manera que reconoces, esa que ya habías visto antes en tu casa, no pelees con eso. Reconócelo: es una memoria, no eres tú. Y en silencio, repite gracias. O repite te amo. Yo tengo una herramienta que uso hasta hoy y que nació de mi propia historia: me digo “no me voy a preocupar” o “suelto y confío”.

No hace falta sentirlo. No hace falta hacerlo perfecto. La limpieza hace su trabajo aunque tu mente no lo entienda. Y hay algo más, que es lo que hace todo esto tan grande: lo que se borra en ti se borra también en tu familia, en tus parientes y en tus ancestros. Cuando limpias, no limpias solo para ti. Automáticamente todos se benefician, especialmente las próximas generaciones.

El otro lado del legado: para qué estás aquí

Hasta aquí hablamos de lo que uno deja de transmitir. Pero el legado tiene otra cara, y es igual de importante.

Legado también es saber por qué estamos aquí. Qué nos mueve. Cómo queremos ser recordados. Es una pregunta que sirve a cualquier edad, y por eso me gusta más que hablar de propósito. Hay quienes escuchan “propósito” y piensan que ya se les pasó el momento, que ya se jubilaron, que eso era para cuando eran jóvenes. Eso no es así.

Si te ayuda, hazte esta pregunta: ¿qué harías aunque no te pagaran? Muchas veces ahí aparece algo que quedó relegado por obligaciones y responsabilidades. Y este momento que estás viviendo es tan bueno como cualquier otro para volver a mirarlo.

Porque tal vez una de las cosas más importantes que podemos dejarles a quienes amamos no sea algo que les damos, sino algo que elegimos no pasarles. Y también la manera en que nos vieron vivir.

mabel Katz Class

¿Te gustaría trabajar este tema en profundidad?

Cada mes abro un espacio en vivo donde trabajamos juntos un tema específico de Ho’oponopono con ejercicios, limpieza y práctica real.

Si este artículo te llegó, es probable que la clase mensual sea exactamente lo que necesitas ahora.

En cada encuentro exploramos la raíz del tema, hacemos momentos de limpieza, ejercicios prácticos, y un espacio de preguntas y respuestas donde puedes compartir tu situación y recibir orientación directa.

No es una clase para tener todas las respuestas. Es un espacio para volver a reconectarte con esa parte tuya que sabe mejor.

Y mientras tanto, te dejo una pregunta para llevarte: si alguien que te quiere aprendiera de ti solo mirándote, sin que le explicaras nada, ¿qué estaría aprendiendo?

Gracias, gracias, gracias.

Con amor,

Mabel Katz

Difunde la paz y el amor

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