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El camino espiritual a la libertad

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A estas alturas, la mayoría de nosotros hemos visto las horribles imágenes de afganos tratando de huir mientras los talibanes obtienen el control de Afganistán — hombres y mujeres empacados en un avión de carga militar estadounidense o afganos desesperados aferrados al exterior de los aviones militares que salen. ¿Y quién puede olvidar esa imagen desgarradora de un padre afgano entregando a su bebé por encima de la valla a un soldado norteamericano? En tiempo real, estamos viendo a una nación en pánico y caos. Más que eso, estamos viendo a un país luchar por el más básico de todos los derechos humanos. — ¡libertad! También estamos viendo hasta dónde llegarán hombres y mujeres para ser libres — para criar una familia, ganarse la vida, caminar por la calle en paz, adorar a quien les plazca, y hablar como quieran.

Por supuesto, si la historia nos ha enseñado algo, el dolor y el sufrimiento continuarán — y no todo el mundo encontrará la libertad, al menos en la forma en que solemos definirla.

Y mientras que algunos pueden verse tentados a gritar sobre la injusticia de la vida (e incluso la finaldad de la vida), este enfoque solo te mantendrá amargado y encadenado a la tierra, mientras que te impedirá explorar cuán poderosos y libres somos.

Sí, debemos luchar por la libertad siempre que podamos. Debemos usar nuestros votos, voces y acciones, pero también debemos darnos cuenta de que el verdadero camino hacia la libertad (la verdadera libertad) es un viaje individual y espiritual que vive en nuestros corazones. Afortunadamente, tenemos esta libertad en la palma de nuestras manos.

Ahora, según el lugar en el que vivas o las luchas que estés librando, esto podría parecer un desafío abrumador, por lo que ya no podemos seguir viendo al mundo con los mismos ojos que hemos visto antes. Debemos definir la libertad de una nueva forma.

En 1946, Viktor Frankl escribió La Busqueda del Significado por el Hombre, que proporciona un relato vívido de su experiencia como prisionero en un campo de concentración nazi. A pesar de sus experiencias inimaginables, Frankl se dio cuenta de que, “todo se le puede quitar a un hombre, salvo una cosa: la última de las libertades humanas — elegir la actitud de uno en cualquier conjunto de circunstancias dadas, elegir su propio camino”. Y como si estuviera enviando un mensaje a nuestro mundo hoy, Frankl también escribió: “Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

Es un sentimiento hermoso y empoderador. Más aún si tenemos en cuenta esto desde el punto de vista de que este cambio podría ser un llamado a transformar nuestros desafíos en un significado que viva más allá del mundo físico — un llamado a definir la libertad como la búsqueda espiritual para descubrir la parte de nosotros que vive más allá del tiempo, el espacio o la materia, o incluso la nacionalidad, la raza o el credo. Es un llamado a descubrir la parte de nosotros que proviene de (y pertenece a) la Eternidad. La parte nuestra que es el amor, la esperanza y la libertad; y si Frankl puede descubrir esto en medio de un Holocausto, hay esperanza para todos nosotros.

Por supuesto, esto no es una excusa para ignorar las libertades que se violan en todo el planeta. No debemos ignorar el dolor o la pérdida de ningún tipo. Más bien, este es nuestro llamado a ser más de lo que realmente somos para que podamos traer más amor y luz al mundo. Después de todo, si queremos traer más libertad a todo el planeta, deberíamos empezar por traer más libertad a nuestras propias vidas.

Entonces, ¿cómo hacemos esto?

Como dijo el gran poeta Rumi: “Hay muchas maneras de arrodillarse y besar el suelo”. Así también, hay muchas maneras de descubrir nuestro camino hacia la libertad espiritual. Y no tiene que ser tan difícil como nuestras mentes quisieran creer.

Descubrí la libertad por primera vez a través de mi trabajo de toda la vida con Ho’oponopono, el antiguo arte hawaiano de resolver problemas. A través de Ho’oponopono, descubrí que todo en nuestra vida es un recuerdo, un programa que juega en nuestro banco de memoria (nuestra mente subconsciente) y que aparece en nuestras vidas para darnos la oportunidad de dejarnos ir y liberarnos. Se podría decir que aprendí a dejar ir lo que no soy yo para poder descubrir quién era realmente — y lo libre que era en mi estado natural.

Esta infusión de libertad en mi vida me llevó a crear Zero Frequency, un programa dedicado a ayudar al mundo moderno a experimentar la libertad a través de la plenitud del momento presente (y hacerlo en los momentos cotidianos desafiantes de nuestra vida física).

La verdad es que es imposible no ser libre cuando se vuelve a nuestro estado natural de Zero — el estado ilimitado que viene cuando vivimos en el ahora — presente, consciente y libre de juicio. Es en este estado de consciencia donde encontraremos nuestro propio camino hacia la libertad espiritual.

Una cosa es cierta: el mundo continuará girando, sacudiendo y sonriendo, y nos desafiará de maneras nuevas e inesperadas. La única pregunta que queda es: ¿cómo responderemos? ¿Nos marchitaremos con desesperación y perdiendo la esperanza? ¿o nos arraigaremos en el conocimiento de que estamos hechos de amor y luz, y que somos libres en el único lugar donde realmente importa, en nuestros corazones y almas?

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